Andrés Iniesta, la sencillez como virtud

El fútbol está cayendo de manera imparable y, lo que es más preocupante, sin que busquemos freno, en el fango de la previsibilidad, que se viste de una mecanización tan complicada como horripilante. En medio de un mundo que cada vez está perdiendo y, con ello, olvidando, su esencia, su inicio alocado, sin reglas ni seriedad, aún quedan algunos pequeños valientes que se resisten a una complejidad ineficaz, arisca y desagradable.

En medio de esa organización imposible de seguir ni modificar, se mueve Andrés Iniesta. Entre los físicos hiperdesarrollados, los atletas ignorantes del balón y las tácticas necesitadas de kilómetros de papel para su incoherente explicación, el centrocampista español se mueve con soltura y sencillez, logrando sobrevivir gracias a la asociación de un puñado de afortunados talentosos que piensan y actúan como él.

Fuera de este batallón de guerreros aseados quedan los ‘quiero y no puedo’, los cobardes que no lo intentan y las mentes cerradas y cuadriculadas. Iniesta adopta la sencillez como virtud, con eso le vale para reventar líneas defensivas que trabajan una semana para pararle, pero que ven cómo en unos segundos su trabajo se esfuma, rindiéndose a una evidencia que los espectadores neutrales alaban sin cesar.

‘No des dos toques si puedes dar uno’. ‘No corras tú si el balón lo hace más rápido’. ‘No compliques lo que puede ser sencillo’. Máximas que hoy están de moda, pero que no hace mucho permanecían en un cajón pequeño, que solo se abre cuando una generación se pone de acuerdo, algo que no ocurre todos los días. Andrés enseña a competir con elegancia y perder sin que esta huya con la derrota.

Hoy Iniesta tendrá en frente a un equipo de grandes alemanes que buscan un pase complicado. Para él todo será más sencillo. Y con esta idea buscará plantarse, una vez más, en una final de la Champions League, que nunca debería dejar de ganar.

Comentarios Mostrar comentarios