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Seguro que cuando lees sobre las características de Xperia Z5 te preguntas qué tiene de especial el sensor Exmor RSTM for mobile, un sensor que proporciona 23 Megapíxeles y que es sin duda uno de los puntos fuertes de Xperia Z5. Muchas veces, posiblemente por costumbre, no nos paramos lo suficiente en descubrir qué hay detrás de un acrónimo como Exmor, o CMOS, por ejemplo, que es la tecnología en la que se basa este sensor de imagen. Hoy vamos a entender un poco más a qué se deben esas siglas y cómo funciona, grosso modo, un sensor de este tipo.

El funcionamiento más básico de un sensor de imagen basado en tecnología CMOS es que captura la luz que entra a través de la lente de la cámara de una manera similar a la de una película fotográfica, pero esta tecnología digital es capaz de convertir esa luz en electrones gracias al efecto fotoeléctrico. Sin necesidad de entrar en detalle sobre el fenómeno sobre cuyos trabajos fue otorgado el Nobel a Albert Einstein en 1921, algunos materiales son capaces de emitir electrones cuando incide sobre ellos una radiación electromagnética: en este caso, luz.

Al producirse este efecto, la luz incidente puede ser tratada digitalmente y con ello se componen las imágenes capturadas. De la tecnología adicional que se utilice depende la calidad de la imagen y se deriva la calidad de la cámara fotográfica. En el caso del sensor Exmor RSTM CMOS, su alta sensibilidad hace que trabaje muy bien en condiciones de poca luz, ofreciendo a la vez un muy bajo nivel de ruido que mantiene la calidad inicial de imagen.

Otro punto que mejora considerablemente la eficiencia de la captura es que el sensor se configura con iluminación posterior, de modo que se maximiza la capacidad de “absorber” esa luz, y por poca que sea, el resultado es muy bueno.

El tamaño, principal reto de un sensor para móviles

Kensuke Mashita, uno de los mejores ingenieros de cámaras de Sony, explica en una entrevista muy interesante cómo el tamaño es el principal problema a resolver a la hora de diseñar un sensor de imagen, sobre todo si lo comparamos con el sensor que puede llevar una cámara DSLR. El espacio disponible es mínimo en el smartphone, como podemos suponer, y en un sensor de área muy pequeña queremos instalar muchos píxeles (fotodiodos), y que estos sean grandes, de manera que sean buenos con poca luz.

En términos generales, menos píxeles en un sensor significa que puede tener píxeles más grandes (fotodiodos) y mejor calidad en condiciones de poca luz. El desafío consiste en tratar de equilibrar la resolución necesaria sin ganar “ruido” con poca luz. Este equilibrio es una gran consideración de diseño para un sensor para smartphone.

El reto tecnológico no termina en el tamaño del sensor y de los píxeles, ni en el número de estos. El procesador de imagen es crucial, y si en una máquina DSLR el tamaño no es, en general, un problema, en un smartphone sí. Por eso, los procesadores de imagen en smartphones son piezas tecnológicas muy refinadas y orientadas a tener una gran capacidad de procesamiento, consumiendo a la vez muy poca potencia en comparación.

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