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El alcance de la tecnología, a la que ya no podemos llamar siquiera “nueva” tecnología, es tal que en ocasiones está produciendo ciertos conflictos con las reglas sociales al uso. Esta situación es tan cambiante que es difícil marcar un antes y un después. Y creo que lo más interesante de este fenómeno no son tanto las respuestas (si antes era de mala educación escribir en el móvil mientras se atendía a una conferencia y ahora es aceptable), como las cuestiones que se plantean.

Estuve recientemente tomando algunas notas en la presentación de Los nativos digitales no existen, un libro que trata de cómo la ubicua presencia de dispositivos digitales no implica que todos sepamos utilizarlos correctamente –ni siquiera los más jóvenes nacidos en el nuevo milenio, supuestos nativos digitales. Una de esas cuestiones tenía que ver con si los autores del libro consideraban en su experiencia que los smartphones, smartwatches y similares “despistan” a quienes los usan, impidiéndoles mantener la atención en una clase, durante una conferencia o en una cena con los amigos.

Los diversos autores (entre ellos expertos como Borja Adsuara, Andy Stalman, Enrique Dans, Wicho y Susana Lluna) dieron algunas pistas sobre qué está sucediendo y cómo puede que se normalice la situación.

En primer lugar, las personas somos “multitarea” y podemos hacer varias cosas a la vez, de modo que tuitear en el móvil o escribir en un portátil mientras escuchamos una conferencia no debería considerarse una “falta de respeto” o “falta de atención” a los ponentes. Es cierto que es un instrumento más que podría –potencialmente– despistarnos, e incluso hay cierta literatura acerca de si el “comportamiento multitarea” es productivo o no tanto, pero también es cierto que atendiendo a una charla es perfectamente normal tomar notas a mano (curiosamente el portátil está “mejor visto” que el móvil).

En las aulas de los más jóvenes esto es motivo de agria polémica. Igual que sucedió en su día con las calculadoras, hay centros donde se permite –y promueve– usar móviles, tabletas o portátiles y en otros en los que está completamente prohibido. A ese lado oscuro de tener a los chavales despistados mandando chistes (igual que podrían estar dibujando garabatos) se opone el lado positivo de que pueden estar consultando sus libros y accediendo a datos o enciclopedias que los profesores acaban de mencionar, incluso con espíritu crítico. (“En realidad Estados Unidos no es el tercer país más grande del mundo, es China, aunque por poco”. “¡Y todo el mundo se olvida de la Antártida!”). Si se quiere potenciar una mejor formación es extraño querer limitar el acceso a la mayor fuente de conocimiento de la humanidad: Internet. Y la llevamos en el bolsillo.

Los padres se enfrentan a los mismos problemas cuando los hijos hacen los deberes: que si no deben copiarlo todo de la Wikipedia (muchos no saben siquiera buscar en Google, así que hay que enseñarles), que si no pueden estar whatsappeándose con los amigos mientras están preparando trabajos en los que tendrán que organizarse en equipo y compartir problemas y encontrar soluciones, esa puede ser precisamente una de las mejores formas. ¿Vivimos en una era de la economía colaborativa, pero no queremos que los más pequeños aprendan a auto-organizarse y colaborar?

Otra de las reglas sociales tiene que ver con el uso de los móviles en las reuniones y citas de amigos, al ir a un restaurante o a un evento. Mi regla favorita siempre había sido que es más educado no utilizar dispositivos para charlar con otras personas a menos que la charla forme parte de lo que se está hablando en persona (de lo contrario puede ser pura distracción o una falta de respeto). Pero, ¿sigue siendo válido? ¿Está mal buscar una información que venga al caso mientras se está cenando solo por el hecho de que es de mala educación usar el móvil? ¿Resulta molesto que alguien te vea mirarte el reloj cada cinco minutos como si tuvieras prisa? (Quizá estás viendo pasar menciones o correos, nuevamente “en multitarea”) ¿No convendría tener eso en cuenta?

La tecnología no es buena o mala de por sí; es el uso que se le da lo que es bueno o malo. En general, todos los malos usos de las tecnologías modernas tienen otras causas (faltas de valores, malos ejemplos, poco respeto social), más allá del mero hecho de “incumplir reglas sociales milenariamente establecidas”. Además, al fin y al cabo todas esas reglas tuvieron históricamente un principio y pueden tener un final. ¿No estamos tal vez en el mejor momento para revisar algunas de ellas?

Foto | Conferencia (CC) Claude_Star @ FlickrPixabay

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Alvy

Tech contributor

100% geek y aficionado a la ciencia, la tecnología y a escribir.

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