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En las redes sociales convencionales la información —un post, una actualización de estado, una foto o un tuit— se difunde desde el usuario de origen hacia los contactos de éste. Esos “contactos” pueden ser seguidores, amigos o conocidos. Cuando esa información compartida resulta relevante o de interés para alguno de esos contactos, éste puede a su vez difundirla entre sus correspondientes contactos, quienes podrán hacer lo mismo. Y así sucesivamente, la información va pasando entre círculos de conocidos y seguidores.

En la red social Plag la difusión de la información funciona de manera diferente. En Plag la gente no está previamente conectada entre sí: no hay seguidores, ni contactos ni amigos o conocidos.

En cambio, cuando un usuario de Plag desea compartir un contenido —que puede ser un texto, un enlace, una encuesta o una foto o un vídeo, por ejemplo— compone algo parecido a una nota en papel o a una tarjeta, y la envía a Plag. Esa información se difundirá desde Plag hacia un número limitado de usuarios cercanos dentro de la misma red, sin saber a quien.

A partir de ahí, esos primeros receptores del contenido juzgarán si esa información resulta interesante o relevante, si merece la pena difundirla. Si la respuesta es que no, la “tarjeta” se desecha con un gesto —deslizándola hacia abajo en la pantalla del móvil—, pero si la respuesta es sí debe difundirse, entonces la “tarjeta” se lanza hacia arriba. Es un gesto que provoca que la tarjeta lleve a otros usuarios de Plag —que no se conocen entre ellos— y que volverán a juzgar si la tarjeta debe destruirse o difundirse.

Plag

De este modo, la información que los usuarios de Plag consideran relevante continúa existiendo dentro de la red social y difundiéndose rápidamente. En cambio, la información que los usuarios de Plag tienden a desechar, acaba desapareciendo igual de rápido. En cualquier caso, las tarjetas de Plag tienen una esperanza de vida máxima de siete días. Al final toda la información que circula por Plag acaba desapareciendo.

El lado oscuro de Plag es que el ritmo al que transcurre la información es aún más trepidante que en el resto de las redes sociales, lo que hace más difícil aún juzgar cuándo difundir un contenido y cuando detener su propagación —por ejemplo, cuando una fotografía es robada o propia o cuando una afirmación es verdadera o falsa.

Un aspecto muy curioso de Plag tiene que ver con la manera en que registra y muestra cómo se propaga la información: el alcance, qué porcentaje de los receptores consideraron que se trataba de contenido que debía difundirse, y el “nivel de infección” o de propagación. Incluso es posible seguir en un mapa, casi en tiempo real, una muestra sobre cómo se difunde la información compartida (local o por todo el mundo).

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Nacho Palou

Mi afición a la tecnología se convirtió en profesión y ahora escribo sobre ella en Microsiervos.com y en otros blogs y medios.

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